cantera

Sin cantera en Cuerpos Superiores del Estado.


El interés actual de los universitarios por opositar es ahora reducido.


Vivimos una situación anómala en la Administración Pública, derivada de la falta de cantera de opositores consolidada en los niveles más altos de la Administración Pública. Este fenómeno solo se da en los últimos niveles o en cúspide de la escala piramidal, ya que a medida que se desciende en el escalafón, la situación se atenúa e incluso se invierte. Prueba de ello es el gran número de opositores presentados a pruebas de selección en niveles en los que no se exige una cualificación técnica específica.

Es evidente que la competencia supone un incremento de calidad y en el caso de los Cuerpos Superiores de la Administración conlleva la selección de los mejores. No basta con demostrar un conocimiento mínimo para el desempeño de un puesto de trabajo, sino que es necesario aportar un valor añadido, siempre superior al del resto de candidatos. Este mecanismo se ha utilizado en la selección de funcionarios en nuestro país durante décadas, pero exige del mantenimiento de una adecuada relación entre “presentados/número de plazas” para garantizar la competencia. Ese ratio se incrementa de manera drástica a medida que se desciende en el escalafón. Esa baja relación se debe a una importante disminución de los presentados, mientras que el número de plazas se mantiene constante e incluso sigue en aumento.

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Hasta hace poco eran muchos los universitarios que tras finalizar sus estudios se planteaban acceder a Cuerpos de prestigio de la Administración Pública. Además, solían ser, en muchas ocasiones y en términos generales, aquellos con un expediente académico “brillante”. Sin embargo, esta situación prácticamente ha desaparecido. El interés de los universitarios por opositar a los niveles más altos es francamente bajo, y de poco han servido las actividad didáctica que desde diversas Asociaciones se han ofrecido en las Jornadas de empleo con la finalidad de captar candidatos.

Llegados a este punto hay que preguntarse qué ocurre cuando el número de opositores desciende. La respuesta no es otra que la de seleccionar a aquellos que simplemente cumplen con el nivel mínimo para el desempeño del puesto de trabajo. Sin embargo, habría que ir más allá y plantear qué hacer cuando ni siquiera hay suficientes candidatos que cumplan con ese nivel. Pues bien, en este caso solo hay dos posibles alternativas: o bajar el nivel o dejar libres muchas de esas plazas ofertadas. A juzgar por los resultados en los procesos de selección de los últimos años, la mayoría de los Cuerpos ha optado por dejar plazas libres resistiéndose así a bajar el nivel, aunque obviamente esa medida no puede mantenerse mucho tiempo puesto que la reposición es necesaria ante el creciente envejecimiento general de los funcionarios públicos.

Una vez descrita la situación anterior hay que buscar razones que expliquen el porqué de este fenómeno, tras unos años de profunda crisis como la que España ha sufrido y en los que el empleo público ha ganado una considerable competitividad respecto al privado. Sin duda, una de las respuestas más evidentes es el daño que ha provocado el “frenazo” en la convocatoria de plazas. No obstante, este argumento va perdiendo peso si tenemos en cuenta que ya son varios los años en los que hay regularidad y dotación en las convocatorias de empleo público y, sin embargo, la situación dista mucho de mejorar.

Otra posible razón que puede explicar este fenómeno es la pérdida de valor del “funcionario público” debido, principalmente, al deterioro que para la opinión pública tiene la Administración, en general. Francamente, no podemos admitir esta última razón como fundamento, ya que en el resto de niveles también se opta por ser funcionario y el problema de falta de cantera únicamente se da en los Cuerpos Superiores. Hay voces que lo relacionan directamente con un cambio de mentalidad en los jóvenes de nuestro tiempo, aparentemente tendentes a conseguir resultados en el corto plazo y sin demasiado esfuerzo. Tampoco parece que esta sea una respuesta que se pueda aplicar en su generalidad, ya que la mentalidad de los jóvenes no es única y en lo referente a seguridad y “vocación”, se sigue valorando del mismo modo que hace años.

Entonces, tal vez sea que la formación universitaria cambió y no encaja con los exámenes de oposición, diseñados desde una perspectiva memorística, o quizá, que el perfil tradicional de candidato (recién universitario) no es capaz de soportar el coste que supone la preparación de unas oposiciones que, en los niveles más altos, requiere de un mayor esfuerzo en tiempo y también en dinero. Llegados a esta situación anómala en la que las razones de la falta de candidatos que optan a los Cuerpos Superiores no quedan del todo claras, es momento ya de reflexionar, de hacer un análisis certero de la situación y de poner encima de la mesa soluciones globales que enmienden los problemas que desde hace años se arrastra. En ello va el prestigio, la calidad y el futuro de la Administración Pública.

Publicado en “El Economista” 9 de Noviembre de 2017.

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